La regla, esa gran desconocida

¿El ciclo femenino es la regla no? Esa es la pregunta que me hicieron el otro día cuando hablaba con alguien de a qué me dedico. Y me hizo reflexionar sobre qué entendemos por ciclo femenino y cómo se nos enseña a las mujeres, y a los hombres, qué funciona nuestro cuerpo y para qué menstruamos.

Seguimos educando adolescentes que creen que la regla es algo que llega cada mes de manera inevitable, que hay que ocultar, que nos indica si estamos embarazadas o no, y que se nota si la tenemos porque estamos de mala leche.

En pleno S.XXI seguimos educando adolescentes ciegos, ellos y ellas, que creen que la regla es algo de lo que no hablar y que es un problema en lugar de algo que en parte nos define a las mujeres.

Me gustaría pensar que en un futuro las adolescentes tendrán sexo consciente no porque sepan con quien se acuestan sino porque sepan lo que están compartiendo, que no es sólo cuerpo. Me gustaría ver en las escuelas a chicos y chicas hablando de cada uno sin tapujos, sin vergüenza, y aprovechando ese conocimiento para valorar al otro.

Me gustaría que los adolescentes entendiesen que el ciclo menstrual nos acompaña gran parte de nuestra vida y tiene cosas maravillosas, que nos hacen únicas.

Y me gustaría que las madres miraran a sus hijas y les hablaran de su ciclo desde la hermandad, desde el auto-conocimiento, desde el compartir, para que avancemos en esto de la Unidad y entendamos que hombres y mujeres estamos en el mismo barco, en el de entendernos y compenetrarnos para crear juntos

 

La generación dormida

Somos la generación dormida. Desconectada del cuerpo, de sus sensaciones y sabiduría. Miles, millones de mujeres que utilizan, Si, utilizan su menstruación tan sólo como el trámite visible para tener hijos o no tenerlos. Mujeres que hablan de ella como “la regla” y en cuyo tono de voz se  suele adivinar un trámite mensual, algo que “nos toca” por ser mujeres.
Nos enseñaron que la píldora era el mejor invento creado por el hombre, ojo, por el hombre! para que nos liberásemos sexualmente y nos lo creímos.

La píldora es un gran invento. Sin duda. Pero, ¿dónde quedó el conocimiento del cuerpo? ¿dónde observar y conectar con ese vehículo que me transporta en esta vida y me lleva de un lado a otro, sin que yo haga prácticamente nada más que pensar en ello? ¿dónde quedaron tantas cosas? En el olvido. En la brujería, la charlatanería o incluso la fantasía de que la regla es algo que “no es para tanto” y que cuando lo es, es un síndrome a tratar mediante medicinas sintéticas que una vez más nos alejan y desconectan de lo que sentimos.

Yo no había visto mi sangre menstrual más que al extraer en tampón y casi no la miraba. Era algo asqueroso, algo que había que tirar, y rápido a ser posible.

La primera vez que lo hice fue cuando me formé como terapeuta menstrual. Tuve que recogerla. Tuve que olerla. Tuve que mancharme las manos con ella. Y no es ni mucho menos como yo pensaba.
Experiencias así te cambian la vida. La conexión contigo, con tu cuerpo, con lo que “sabes” por el hecho de ser mujer y tener una química hormonal compleja se hacen patentes hasta límites que no te imaginas.
He tenido reglas dolorosas, cistitis crónica, cándidas,…problemas que todas las mujeres conocemos y que llegué a creer, eran parte del lote de ser mujer. Hasta que conocí la terapia menstrual y me formé. Y me limpie y comencé un camino de reconocimiento y autoconocimiento de mi misma.
Ahora mis reglas son normales. A veces molestan un poco, depende del ciclo, pero no hay dolor, no hay pastillas, no hay tantas cosas… mis ciclos son una fuente de información para mí y cuando una mujer viene a mí y me dice “es que no sé qué hacer” le digo “conócete”. Es el camino.

Para mí lo ha sido. Y no sólo en lo físico. También en lo emocional. Descubrir el potencial que tenemos en cada fase del ciclo y saber aprovecharlo ha sido una bendición para mí vida personal y laboral, porque ahora ya no hay caos. Ya no soy una montaña rusa que no es capaz de organizarse, que fluctúa sin más durante días a la deriva, esperando que pase la tormenta y pueda volver a la normalidad. La normalidad lo es todo. La normalidad es estar triste o enfadada, alegre y alocada o comunicativa al máximo. La normalidad es saber en qué fase estoy predispuesta a organizarlo todo con listas y ser exhaustiva en mis análisis y también cuándo planear una cena con amigos o una reunión porque estaré comunicativa y empática. La normalidad es entender que mi cuerpo necesita descanso y quietud para revisar aquellas cosas que no me terminan de encajar en el puzle y sé que el mejor momento para ello es cuando menstruo y que en la fase preovulatoria tendré menos paciencia pero estaré más dispuesta a jugar con mis hijas a las cosquillas o tendré más ganas de cantar y estaré dispuesta a comerme el mundo porque mis niveles de serotonina estarán altos.

Eso es normalidad en femenino. Y con ella me muevo y trabajo. Con ella trato de que las mujeres abandonen la generación dormida y despierten al conocimiento de su cuerpo.

Y tu, ¿quieres seguir durmiendo?